Blog de Musicales

Mario Gas dirige a Miguel Ángel Solá y Daniel Freire en EL VENENO DEL TEATRO

Posted on: 23/11/2012

Los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid presentan EL VENENO DEL TEATRO, un thriller en forma teatral que juega con la realidad y la ficción, a través de tan solo dos personajes, interpretados por Daniel Freire y Miguel Ángel Solá. Dirigida por Mario Gas, esta obra es una coproducción de los Teatros del Canal, Concha Busto Producción y Distribución, Maji (Grupo MAIPO), Estudio Teatro y Clece. El espectáculo estará en cartel del 29 de noviembre al 16 de diciembre.

Jugando con el equívoco en su título, EL VENENO DEL TEATRO habla de la pasión por el mundo teatral así como de la vida misma, y de la influencia que el arte ejerce en ella y viceversa. La historia comienza con un encuentro entre dos individuos, un hombre poderoso y un actor de fama. Ambos discuten acerca de las dos teorías teatrales propagadas en la Ilustración, periodo en el que se desarrolla la trama; por un lado, la identificación del actor con el personaje o, por el contrario, el distanciamiento del intérprete con el papel que representa. A partir de ahí, los protagonistas se ven envueltos en un viaje sin retorno, del que no saben cuál será el final.

Tras su último montaje, el musical Follies (2012), en el que dirigía a un elenco de más de 80 actores, Mario Gas se embarca ahora en este texto de encierro entre dos actores y un conflicto, volviendo así a la esencia del teatro más purista. También la escenografía huye de grandes artificios y, si bien muestra un cierto realismo objetual, el decorado no es naturalista ni pretende describir detalladamente el lugar. Lo que importa en EL VENENO DEL TEATRO es lo que el montaje cuenta a través de sus dos renombrados actores, Miguel Ángel Solá y Daniel Freire, quienes reconocen que esta obra es muy precisa, como un mecanismo de relojería, y de mucha intensidad

Desde que se representara por primera vez en 1978, EL VENENO DEL TEATRO ha sido traducida y estrenada en otros ocho países. En España es especialmente recordado el montaje que en 1983 produjera el Centro Dramático Nacional, con José María Rodero y Manuel Galiana como protagonistas. Sin embargo, este montaje distará bastante de lo que los espectadores de aquel momento recuerdan, tanto por sus personajes como por la época en que se sitúa el hecho dramático.

El texto de Rodolf Sirera demuestra su actualidad al recuperar un debate que sigue vivo entre teóricos de la interpretación. La pieza se hace eco de las dos corrientes contrarias que en los siglos XVIII y XIX dividieron a los teóricos del teatro. Por una parte, había quien defendía la importancia de que el actor se identificara con el personaje, hasta el punto de que mezclara sus sentimientos personales con los de aquél al que interpretaba. Términos como la declamación o la técnica implicaban la falsedad en la actuación, y por tanto, hacían imposible conectar con el espectador.

Por otro lado, Diderot y sus seguidores, hablaban de la necesidad de separar el estado emocional del artista, de los personajes. Según explica el ilustrado en La paradoja del comediante, de no ser así, la obra variaría dependiendo del estado anímico del actor. Éste debería ser siempre consciente de que “él no es el personaje, y el personaje no es él”.

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